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7 ideas clave para estimular la persistencia

1) “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”
(Walt Disney)

2) “Si puedes caminar, puedes danzar; si puedes hablar, puedes cantar” (Proverbio)

3) “Si puedes hacer lo necesario, luego harás lo posible y, de pronto, empezarás a hacer lo imposible”
(Francisco de Asís).

4) “ Quien quiere hacer cualquier cosa encuentra un medio; quien no quiere, siempre encuentra una excusa”
(Proverbio Arabe)

5) “Las grandes obras no las realizan los más fuertes, sino los más persistentes”

6) “Carácter persistente es el que puede continuar sin éxitos”
(Ralph Waldo Emerson)

7) “No es por la casualidad de las cosas por lo que no nos atrevemos. No nos atrevemos y por eso son difíciles”
(Seneca).

El poder de la persistencia

Por: Francisco Gavilan
www.franciscogavilan.net

¿Por qué algunas personas tienen la capacidad de afrontar y superar duras experiencias, mientras que otras se sienten desbordadas por el más mínimo problema?

La diferente actitud entre unas y otras reside en la persistencia.

“Lo consiguieron por que no sabían que era imposible”. Este refrán irlandés muestra hasta dónde puede llegar una mentalidad persistente. Esto es, tiene la capacidad de insistir, perseverar… O, lo que es lo mismo, está dotado de fuerza de voluntad en el intento de ejecutar un trabajo o sobrevivir a una adversidad. En cambio, la persona carente de esta cualidad, la apática, se desmorona ante cualquier mínimo problema. Ignora la máxima que proclama que “las dificultades son fáciles de vencer, pero las imposibles llevan más tiempo”. “Imposible” es –como afirmaba Napoleón- una palabra que sólo se encuentra en el diccionario de los idiotas.

En realidad, se desconoce por qué alguien se esfuerza con persistencia en lograr algo, en tanto que otro, con preparación y similar inteligencia, desiste en su empeño. A veces, se enfatiza tanto en el determinismo que éste sirve de pretexto ideal para justificar la desidia, la falta de voluntad y el desgano. Así, dos personas pueden reaccionar a la enfermedad o la adversidad de muy distintas maneras. Una la puede emplear como excusa para no esforzarse en nada.

El concepto de “fuerza de voluntad” ha sido anatema en psicología. Se trata, obviamente, de una actitud, cuya orientación puede deberse a motivos muy distintos: educacionales, ambientales o de carácter. Una voluntad débil puede originarse en una escasez de estímulos, una limitación de metas, o en la incapacidad de persistir. No hay que olvidar que la gota perfora la piedra no por su fuerza, sino por su constancia.

En tanto que una voluntad firme puede tener diversas raíces. Puede basarse en una extraordinaria persistencia. O en una intensa dinámica de estímulos. Decía Kipling que si encomiendas a alguien que haga más de lo que pueda hacer, lo hará. Si, en cambio, sólo le encomiendas a alguien que haga lo que puede hacer, no hará nada. En otras ocasiones la fuerza de voluntad reside en una gran concentración de energías en la dirección de un objetivo. Nada que ver con la percepción que una señora elegante y que andaba de compras tuvo ante un mendigo que le dijo: “Llevo cuatro días sin comer”. Ella le respondió: “Dios mío, ¡cómo me gustaría tener esa fuerza de voluntad!”.

Es de gran importancia la capacidad natural de persistencia del ser humano. Pero hay otros requisitos que residen en la voluntad de la personalidad y que tienen poco que ver con la inteligencia. Ésta se potencia con la adquisición y asimilación de conocimientos, pero no garantiza la persistencia. Sin embargo, se puede aprender a cambiar la actitud que falta de voluntad, por la de la confianza, el empeño y la perseverancia, o superar las circunstancias que nos afligen. Afirma un proverbio sueco que “los que desean cantar siempre encuentran una canción”.

Para adquirir, pues, el poder de la persistencia, hay que ejercitarse con los trabajos que exigen concentración y tenacidad. Se sabe que el modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura. A menudo se ilustra la diferencia entre la persistencia y la falta de voluntad con este ejemplo: “estrella un vaso de cristal contra el suelo y quedará hecho añicos. Lanza una pelota, y advertirás, después de deformarse, cómo recupera su forma original. El material del vaso tiene muy baja resistencia y el de la pelota muy alta”. Lo mismo ocurre con las personas que poseen fuerza de voluntad y las que carecen de ella.

Algunos recordarán la ejemplar historia de Aron Ralston, un montañista norteamericano de 27 años que se amputó un brazo para sobrevivir. Sufrió la desgracia de que su mano derecha quedase atrapada por una enorme piedra despeñada, de una tonelada de peso, cuando él descendía por la falda de la montaña, lo que le dejó colgado. Inmovilizado en esa posición durante cinco días, tuvo la resistencia, la persistencia y el coraje de hacer algo que le salvó la vida: retorcerse para romper el hueso de su brazo y amputárselo después con una navaja, lo que le libró de una muerte segura, ya que nadie conocía su paradero. A los persistentes difícilmente se les puede hacer cambiar de actitud. Como siempre proclamaba el piloto Fangio, “hay que intentar ser el mejor, no creerse el mejor”.